lunes, 6 de abril de 2015

Éxito de la mediación: confianza y poder

Coincidiendo con el Premio Abel, recuerdo que en su día, 1994, John Nash ganó el Nobel de Economía por su teoría de los juegos.

                                                                                                                  
                                                                                                                    Imagen Una mente maravillosa

Un ejemplo que proviene de esta teoría es la dinámica del "dilema del prisionero" que pudiera llevarnos a pensar que se trata únicamente de un pasatiempo matemático. Pues bien, no es así, ya que presenta interés para distintas  disciplinas como  por ejemplo la economía, ciencias políticas, sociología o mediación.

¿En qué consiste?.
                                                                                                                
  • La policía arresta a dos sospechosos.
  • No hay pruebas suficientes para condenarlos, por lo que se decide separarlos y darles el mismo trato, intentando que ambos confiesen para conocer la verdad.
  • La pena que tendrá que cumplir cada uno dependerá de si cada uno de los sospechosos está dispuesto a cooperar o si decide traicionar al otro.
  •  Las penas a cumplir serán las siguientes:

Si llevamos dicha dinámica a mediación, concluimos que ante cualquier conflicto se pueden tener actitudes cooperativas o competitivas (o adversariales).

Como se muestra en el esquema la estrategia individual o competitiva puede conseguir un beneficio personal mayor, pero supone asumir un riesgo mucho mayor que en la actitud cooperativa.

Ahora bien, para que se den los comportamientos cooperativos, más beneficiosos para ambos, ha de existir confianza en el proceso y en la forma de actuar de la otra persona; allí donde exista desconfianza, habrá una actitud competitiva.

Vídeo Una mente maravillosa

Comparto con Josep Redorta que los fundamentos de la mediación son dos: la confianza y el poderPor eso los mediadores hemos de generar confianza en nuestra labor (imparcialidad, neutralidad, formación, etc...), en el proceso de mediación y en las partes; así como empoderar a las partes para que éstas alcancen por si mismas la solución adecuada y satisfactoria para ambos. 

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